La impotencia es la inhabilidad del pene de obtener una erección lo suficientemente firme para poder penetrar la vagina. Esto puede ser dividido en partes como tener una erección al principio, y después pérdida de la erección antes de producir la eyaculación. La frecuencia de la erección es muy variada y depende de la edad. Un hombre de 18 años puede tener hasta 20 erecciones en una noche, pero uno de 80 años puede tener una cada 6 meses. De modo que la frecuencia no necesariamente indica un problema de impotencia.

La hipertensión arterial es un problema frecuente que afecta aproximadamente al 20-40% de la población. Hasta un 25-30% de los varones que padecen hipertensión, manifiestan trastornos en la respuesta sexual, siendo el problema más frecuente la disfunción eréctil. Un buen control de la tensión arterial disminuye la probabilidad de aparición de disfunción eréctil.

La impotencia o disfunción eréctil es una enfermedad frecuente que si no se trata puede llegar a afectar a las relaciones con la pareja, la familia, el entorno laboral y social. Todos los hombres pueden llegar a tener problemas para tener una erección en su vida, especialmente si están cansados, tienen estrés, una enfermedad grave o están bajo los efectos del alcohol y las drogas.
La disfunción eréctil es una situación bastante frecuente; se ha calculado que en algún momento puede afectar en mayor o menor grado a la mitad de los hombres entre los 40 y los 70 años. Hasta hace poco era un tema que no solía tratarse abiertamente. Mitos y expectativas culturales de la sexualidad masculina han impedido a muchos hombres buscar ayuda para un trastorno que puede, en la mayoría de los casos, beneficiarse de un tratamiento médico.
Puede ocurrir repentina o gradualmente. Algunos hombres pierden lentamente la firmeza de las erecciones o la duración de las mismas. En otros hombres, especialmente cuando se debe en gran parte a factores psicológicos, el problema puede ocurrir de manera imprevisible y puede mejorar en cualquier momento. A pesar de las dificultades con las erecciones, pueden seguir teniendo orgasmos normales y eyaculaciones sin una erección completa.
La disfunción eréctil es una situación bastante frecuente; se ha calculado que en algún momento puede afectar en mayor o menor grado a la mitad de los hombres entre los 40 y los 70 años. Hasta hace poco era un tema que no solía tratarse abiertamente. Mitos y expectativas culturales de la sexualidad masculina han impedido a muchos hombres buscar ayuda para un trastorno que puede, en la mayoría de los casos, beneficiarse de un tratamiento médico.

Psicológicas: debido a factores afectivos, de desarrollo, interpersonales, de conocimientos, ansiedad, miedo al fracaso, sentimientos de culpa, infidelidad, eyaculación precoz previa, inseguridad emocional, etc.2​ Solamente el 18% de las personas que la sufren lo consulta con su médico, mientras que únicamente el 33% de los pacientes se comunica con su pareja. Todo ello provoca una reacción negativa de su pareja y un aislamiento que acaba por agravar el problema, aumentando el estrés, disminuyendo la autoestima y dificultando la solución a la disfunción eréctil psicológica.
La probabilidad de disfunción eréctil aumenta después de una prostatectomía radical. Se calcula que entre un 24% y un 68% de los varones sometidos a este tipo de procedimiento quirúrgico desarrolla disfunción eréctil. Este porcentaje varía en función del tipo de técnica quirúrgica utilizada. Por ello, si ha observado algún cambio significativo en su capacidad para alcanzar o mantener una erección después de someterse a una prostatectomía radical o a una resección transuretral de próstata, su situación es bastante habitual.
Besides treating the underlying causes such as potassium deficiency or arsenic contamination of drinking water, the first line treatment of erectile dysfunction consists of a trial of PDE5 inhibitor (such as sildenafil). In some cases, treatment can involve prostaglandin tablets in the urethra, injections into the penis, a penile prosthesis, a penis pump or vascular reconstructive surgery.[1]
Cuando no hay estimulación sexual, el flujo de sangre dentro del pene es muy bajo, lo que lo mantiene en estado flácido o no erecto. Cuando un hombre se estimula sexualmente, las arterias del pene se relajan y dilatan, y el flujo sanguíneo hacia el pene aumenta mucho. A medida que el pene se expande, sus venas -que tendrían que devolver la sangre del pene hacia la circulación de retorno- se comprimen, y la sangre no puede salir. Con más flujo sanguíneo entrando y muy poco saliendo, el pene aumenta de tamaño y de consistencia, dando lugar a la erección.
Tener problemas de erección de vez en cuando no es necesariamente un motivo para preocuparse. Si la disfunción eréctil es un problema continuo, sin embargo, puede provocar estrés, afectar la confianza en ti mismo y contribuir a causar problemas en las relaciones. Los problemas para conseguir o mantener una erección también pueden ser un signo de una enfermedad no diagnosticada que necesita tratamiento y un factor de riesgo de enfermedades cardíacas.
Cuando un hombre acude al urólogo, lo más habitual es que se deba a una disfunción eréctil, pues se ha convertido en primer motivo de consulta en este campo. Según una nota de prensa difundida por los organizadores del LXXX Congreso Nacional de Urología, que tuvo lugar recientemente en Salamanca, dos millones de españoles de entre 40 y 50 años sufre una disfunción eréctil, pero menos de un 35% consultan al médico.
Implantes peneanos. Tres tipos de implantes se emplean actualmente para el tratamiento de la disfunción eréctil; todos ellos deben implantarse quirúrgicamente: implantes hidráulicos, prótesis e implantes plásticos hinchables. Aunque muchos pacientes se han beneficiado de la cirugía del implante, éste es un procedimiento irreversible; el tejido eréctil se lesiona de forma permanente cuando se implantan estos dispositivos. En el momento actual ha caído en relativo desuso, a expensas de métodos menos arriesgados y menos costosos. Son unos cilindros de silicona (sustancia no rechazada por el organismo), de estructura anatómica, dos de los cuales se introducen en los cuerpos cavernosos del pene y producen la rigidez necesaria para una buena y adecuada relación sexual. Existen diferentes vías y técnicas para implantar la prótesis; la intervención dura aproximadamente 45 minutos. Mediante una incisión de la piel de 3-4 cm en la parte inferior del pene y en la raíz del escroto, se llega a los cuerpos cavernosos, donde se colocan las dos prótesis correspondientes, con un porcentaje de complicaciones mínimo. Todo ello con anestesia local o regional. Al ser una cirugía poco agresiva, el postoperatorio no requiere cuidados especiales; el paciente puede abandonar la clínica entre 12 y 24 horas después de la intervención, y a las 3-4 semanas de adaptación se puede reiniciar la vida sexual sin dificultades en la erección.

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La excitación sexual masculina es un proceso complejo que involucra al cerebro, las hormonas, las emociones, los nervios, los músculos y los vasos sanguíneos. La disfunción eréctil puede ser el resultado de un problema con alguno de dichos factores. Del mismo modo, el estrés y las inquietudes relacionadas con la salud mental pueden provocar disfunción eréctil o empeorarla.

Existen muchos malentendidos en este tema. Como resultado del proceso de envejecimiento, suele haber un periodo refractario mayor —tiempo necesario para una nueva erección después de un orgasmo. La edad también parece afectar el tiempo necesario para excitarse y para la erección y la eyaculación. Todos estos se consideran cambios no patológicos. Sin embargo, la sexualidad no tiene fecha de caducidad. Si la DE se da más en personas mayores, es sólo porque es más probable que sufran enfermedades asociadas a la DE y que usen más medicamentos que alteren la función eréctil.
Entre un 38-78% de los varones afectados por infarto de miocardio presenta problemas de erección. Si se le diagnostica una cardiopatía, no dude en preguntar a su médico todas sus dudas y preocupaciones sobre su futura vida sexual. Las principales causas físicas de disfunción eréctil en los pacientes con problemas de corazón, son la aterosclerosis, porque produce dificultad en la llegada de sangre al pene, y algunos fármacos. En numerosas ocasiones el miedo a sufrir una recaída durante el acto sexual conduce a una disfunción eréctil e incluso a querer evitar la relación sexual. Es fundamental que el paciente pregunte al especialista acerca del nivel de esfuerzo que puede realizar.
Hable con su doctor sobre la posibilidad de consultar con un consejero si problemas psicológicos o emocionales están contribuyendo a su disfunción eréctil. Un consejero le puede enseñar a reducir su ansiedad o estrés relacionado con el sexo. Su consejero le podría sugerir que lleve a su pareja a las sesiones para que aprenda de qué forma puede apoyarlo. A medida que trabaje para aliviar su ansiedad o estrés, un doctor puede enfocarse en tratar las causas físicas de la DE.
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