Raúl, de 71 años y con disfunción eréctil desde hace cuatro; Andrés, de 57 y con DE apenas reciente; Javier, de 48 y con nueve meses de patología eréctil; Germán, de 66 y con tres años de evolución; y Mario, de 50 y con algo más de 15 meses de angustia vital… todos ellos tenían algo en común, estaban diagnosticados de hipertensión arterial y sufrían sus consecuencias más evidentes ante la mirada inquieta de sus parejas.

El 10-30% de hombres presentan problemas de erección, fundamentalmente a partir de la 5ª década de la vida. La erección es de una gran complejidad dado que depende de una gran cantidad de factores que actúan a diferentes niveles (pene, médula espinal, cerebro). La disfunción eréctil (impotencia) se define como la persistente incapacidad para conseguir o mantener una erección de suficiente calidad como para poder mantener una actividad sexual de forma satisfactoria. La erección puede hallarse afectada por una gran cantidad de problemas o enfermedades: psicológicas, vasculares, neurológicas, farmacológicas, etc.
La hipertensión arterial es un problema frecuente que afecta aproximadamente al 20-40% de la población. Hasta un 25-30% de los varones que padecen hipertensión, manifiestan trastornos en la respuesta sexual, siendo el problema más frecuente la disfunción eréctil. Un buen control de la tensión arterial disminuye la probabilidad de aparición de disfunción eréctil.

Este mecanismo es el mismo que produce la enfermedad coronaria, ya que las arterias también son las encargadas de aportar la sangre al músculo cardiaco o miocardio. De hecho, los factores de riesgo de la impotencia son los mismos que de la enfermedad coronaria, es decir, hipercolesterolemia (alto nivel de colesterol en sangre), la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, etc.

Pese a que la edad es popularmente conocida como el principal factor de riesgo de disfunción eréctil, en realidad, no es el envejecimiento el principal culpable de las enfermedades que surgen con él. Una persona mayor y completamente saludable sin medicamentos es plenamente capaz de conseguir erecciones satisfactorias en la mayoría de los casos. Un hombre saludable de 65 años puede tener más «potencia» que un hombre de 40 años con antecedentes de diabetes y enfermedades cardiovasculares.

El tadalafilo tiene los mismos efectos secundarios, excepto por el enrojecimiento y los posibles cambios en la visión. En su lugar, también puede causar dolor de espalda y dolores musculares. Para cada uno de los medicamentos, el dolor de cabeza es el efecto secundario más común. Los cambios en la visión son los menos comunes. Hable con su médico si usted tiene algún efecto secundario que le molesta.
La Disfunción Eréctil es la incapacidad de obtener y mantener una erección para conseguir una relación sexual satisfactoria. Esta sintomatología debe persistir durante seis meses para ser considerada una patología. Además, debe haber un fallo cada cuatro relaciones sexuales para que el hombre empiece a sospechar que tiene un problema más allá de un simple gatillazo. En concreto, los signos que hacen sospechar la existencia de Disfunción Eréctil son, además de los citados: erecciones espontáneas por la mañana menos frecuentes y con menor rigidez; si se llega al clímax más rápido, en menos tiempo o con una erección incompleta; en caso de pérdida de erección al cambiar de postura; o cuando no se consigue una erección en absoluto.
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